Filosofía

Bertrand Russell nos enseñó que la clasificación de las filosofías se realizan, o en base a los métodos, o en base a los resultados. “Empírica” y “a priori” vendría ser una clasificación hecha en base a los métodos. “Realista” e “idealista” en cambio, es una clasificación hecha en base a los resultados. Sin embargo, existen sistemas filosóficos que se encuentran en el medio de estas clasificaciones, cuyo nombre de sus actores serían los “plásticos” .

De todas maneras, sigue Russell, existe otro sistema de clasificación filosófica quizás menos exacto, pero aún así válido para aquellos que no son filósofos, cuyo criterio de subdivisión se basa en la inspiración predominante que ha inducido al filósofo a filosofar.

En efecto, tendremos filosofías del sentimiento inspiradas por la búsqueda de la felicidad, filosofías teóricas inspiradas por la búsqueda del conocimiento, y filosofías prácticas inspiradas por la búsqueda de la acción.

Entre las filosofías del sentimiento podemos colocar aquellas que fundamentalmente son optimistas o pesimistas, aquellas que indican una vía de salvación, o las que quieren demostrar que es imposible la salvación. A esta categoría pertenecen la mayoría de las filosofías religiosas.  

Entre la filosóficas teóricas están casi todos los grandes sistemas filosóficos; y aunque el amor por el conocimiento sea raro, este ha sido mayoritariamente la fuente de lo mejor que nos ha regalado la filosofía.

Por otro lado, las filosofías prácticas son aquellas que consideran la acción como el bien supremo, y retienen a la felicidad como un efecto, y al conocimiento como un simple instrumento de una válida actividad.

Sirviendonos de las enseñanzas de Bertrand Russell, Memoria cultural se preguntará por los temas que se encuentran vigentes en el hombre y en su memoria.  Aquí va la primera definición con la cual nos hacemos eco para sentir este fabuloso mundo llamado filosofía.   

FILOSOFIA COTIDIANA  

Además de que es la madre del conocimiento o de todas las ciencias, la definiría como una sensación. Una sensación que tuvo inicio cuando el ser humano se empezó a preguntar sobre la naturaleza y la existencia: el asombro.

En lo cotidiano del tipo de a pie como yo, por ejemplo, mantendría la definición de la sensación de asombro y de tragedia, y la reacción del que vive esto que no sea huida sino una reflexión aunque sea también trágica, como concluir que la vida ya no merece ser vivida, o que sí. O sea filosofía no dejaría de ser “amor por el conocimiento” pero tampoco un impulso social sino algo íntimo, que la persona busca para tocar algo que le haga sentir vivo, a plantearse las preguntas correctas que le nacen de esa sensación. Para no hacerlo tan largo diría que filosofía es aprender a estar solo y en la soledad dejar de sentirse solo, es aprender a elegir, a ponernos un precio, aceptar que de hecho tenemos un precio, que los demás son los buenos pero también los lobos, o su hibridaje, es pensar y llegar al famoso justo medio. También es recordar y poner en contexto nuestra vida. Y así infinitamente creo que cada persona la puede definir de acuerdo a su experiencia de vida.